Porque JesúsCristo, el Dios Verbo del Padre, quien Vive desde antes, y continúa Vivo después de Su Victoria sobre la muerte y su portentosa Resurrección; nos ha dejado a todos en una condición de Salvación, a todos los seres humanos sin distinción, sin discriminaciones, ni sectarismos. Cristo nos devuelve la calidad espiritual que nos hace semejantes al Padre, y nos hace Salvos por Su gracia que limpia el pecado de rebeldía a las Leyes de Dios y nos deja en condiciones de ser consientes de nuestra calidad humana, inteligente y espiritual.

Esto quiere decir que desde esos Hechos de Autoridad Divina nuestra conciencia nos permite asumir que esta calidad espiritual nos coloca ante decisiones de este tipo; es decir, espirituales; y que la trascendencia no pasa por lo humano, por nuestros éxitos y logros, ni tampoco por nuestros fracasos, ni por las relaciones afectivas o emocionales. Tampoco la trascendencia pasa por la pertenencia a una religión, pues podemos ser buenas personas independientemente de la afiliación a una iglesia, dogma, creencia, grupo esotérico, etc. La Misericordia de Cristo nos mide en nuestra coherencia con lo que declaramos y si nuestra declaración de creencia es bajo una religión o no, lo que Cristo finalmente mide como frutos, es lo que sale de nuestro corazón sincero y no en base a lo formal, a estructuras que nos ligan, pero que no nos salvan: Pues en realidad Cristo ya nos salvó y ahora, a más de 2000 años de esos Hechos, lo que Cristo nos pide es más que declarar nuestra creencia; Él nos pide consagrarnos.
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