Siempre se habla mucho de tomar conciencia de tus actos, de ser responsable del conocimiento y cómo manejarlo de forma adecuada. Es la delicada línea de hacer con lo que se tiene, pero primero hay que saber qué es lo que se tiene, para así poder usarlo.
La conciencia que uno tenga dependerá de las cosas que ha vivido. Lo que más se interioriza es aquello que se aprende por la experiencia propia. Muchos de estos aprendizajes se adquieren de errores que cometemos, buscando no volver a caer en los mismos, siendo esta una forma no muy eficiente de aprender.
Cuando uno dice que se haga algo de cierta manera, y no hacemos como uno mismo dijo, es un claro acto de falta de conciencia de lo que se dice. Es así cuando irremediablemente se cometió un error. Esto se produce por falta de coherencia o por mera desobediencia a sus propios principios.
En general hay ciertas cosas de las que es muy difícil darse cuenta cuando se comete el error de coherencia, y a no ser que otro nos indique el problema, es poco común ver a alguien que asume y corrige su error.
Hoy he asumido mis errores de incoherencia del pasado, y si pudiera dar el gran testimonio de mi vida, lo mejor es decir que todo lo que soy ahora, de eso que por fin puedo estar tan contento y gozoso de hacer, es lo que antes me negué y rebelé contra mis propios principios morales. Hoy mantengo la frente en alto y veo mi pasado rebelde como una oportunidad de aprender, pasado que solo será revelado si se mira con la visión macro que nos da el espíritu, la disposición y la entrega para ver eso que tanto nos duele, y así, una forma de encontrar la conciencia interior puede ser de la noche a la mañana, literalmente, porque la entrega siempre lleva a la obediencia.
En inocencia todas las cosas correctas para los ojos de Dios fluyen sin problemas. Todo esto con propósitos, con metas, con la Guía de Cristo, solo con la enseñanza de la gran Madre Espíritu santo, poniendo de nuestra parte para que se cumpla el plan divino que hay para este mundo, poniéndonos en el camino que el ya a trazado para nosotros, en el camino de consagración, sellando la verdadera disposición, sabiendo que es lo que realmente Cristo espera de nosotros.
Algo que no se entiende, solo se vive; Tomar La ley de Cristo como Ley absoluta, hacerla propia. Ley que no ata, sino la Lay que nos libera, nos hace libres de este mundo. Inimaginable un espíritu que vuela libre siendo que vive de leyes, eso es porque seguir las leyes de Cristo y vivir de pleno la consagración a Él da algo que es indescriptible, saber que haces lo que Cristo espera de ti no tiene nombre. Solo empieza a hacer y la consagración te dará eso que no puedes poner en palabras.
El quiebre interno puede ser positivo, muy alentador, sin la necesidad de grandes luchas sufrientes y caos interno. La necesidad de vivir en la verdad del espíritu es uno de los primeros empujes que llevan a estos grandes cambios. Y así, después de los cambios, feliz de quien soy en verdad, puedo caminar tranquilo, porque no me preocupa revelar mis más profundos secretos, no tengo nada que temer, no tengo nada que me duela revelar, ningún lado oscuro que nadie ve.
Después de solucionar todo lo cometido en negligencia y comenzar con optimismo, soy feliz de ser quien soy, un Consagrado que no tiene nada de este mundo, porque nada necesito, pero tengo algo muy interiorizado, que muy pocos pueden decir o sentir aunque sea por instantes… Soy feliz, felicidad que viene del espíritu libre y con un propósito; por fin soy lo que siempre quise ser… soy un Consagrado que sí da la vida por Cristo, un Sacerdote que hace La Voluntad del Cristo Vivo.
Benjamín Gómez
Consagrado bajo Sacramento
Joven Misionero



