La pobreza del corazón no es cuestión de las misioneras de Cristo. Vamos por los caminos señalados construyendo esta opción que es Ley del Reino de Dios y damos testimonio de lo tangible que es Cristo y de cómo sus designios se llevan a cabo y cumplen.
Damos testimonio del Dios que Es, del Hecho Crístico que cambió la condición espiritual de la humanidad toda, que nos abrió la Resurrección y con la certeza del espíritu lo declaramos. Ponemos al creyente ante su propia vida, en la que siembra la semilla que dará los frutos por los cuales será medido en su paso por la muerte. Y ofrecemos la Consagración como un Camino cierto y seguro para conocer la Voluntad del Padre Dios en cada ser y así preparar y prepararse para la segunda venida de Cristo cuan Dios.
Estamos ciertas en que este es un Camino atemporal, el cual seguiremos transitando por todas las vidas que Cristo disponga, como sus servidoras y agentes. Vivimos sin esperar nada del mundo y cuando lo material abunda lo agradecemos y gozamos con mesura y humildad, pero tenemos nuestra seguridad puesta en Cristo y Su Autoridad sobre nuestras vidas. Agradecemos cada día el Amor de Cristo al llamarnos a servirle en Su Plan y sólo le pedimos Sabiduría para no fallar.
Este es nuestro diario hacer, que se mezcla con las situaciones propias del contacto con la gente. Queremos que nos reconozcan como Sacerdotes de Cristo, para poder dar testimonio y servir en nombre del Reino y con Autoridad Espiritual.
Cada día nos levantamos dispuestas.
Nuestro corazón es humilde, y lleno de riqueza espiritual, nuestro corazón se regocija en la Siembra del Reino y añoramos el Sacerdocio como la vida que fluye en nosotras.
Arica, 1 de Enero de 2010.
Misioneras.